Marcovaldo no está loco:

La ciudad, las estaciones del año y la salud mental

Marcovaldo en la ciudad

Marcovaldo es uno de los personajes más entrañables del impresdincidble Italo Calvino. Trata de un obrero en la ciudad industrializada del norte de italia en los años 60, que observa los cambios de la naturaleza en la ciudad. Mientra intenta – sin éxito- encontrar la manera de adaptarse a los ciclos imposibles de la ciudad.

Estos pequeños cuentos se dividen según las estaciones que transcurren: Primavera, Verano, Otoño e Invierno.

La Psicología Manchega

Primavera 1

Queridos niños de ciudad, a diferencia de Marcovaldo, la mayoría todavía no sois conscientes de lo que afecta a vuestra salud mental no comprender los ciclos de la naturaleza. (Y me permito hacer esta generalización, porque en esta España Vacía la mayoría de la población ya ha nacido en una ciudad).

Como quizás muchas de vosotras sabéis, soy una persona rural que actualmente vive en la ciudad. A estas alturas de la historia ya llevo la misma cantidad de tiempo vivida en mi pequeño pueblo manchego donde nací que el tiempo que he vivido en mi amada ciudad de Madrid.

A diferencia de la mayoría de la gente que expresa ruralfobia, yo me muestro orgullosa de haber nacido en una zona rural que implica que tengo otro tipo de conocimientos.

Con frecuencia bromeo sobre como al no sentirme totalmente cómoda con los principios y practicas del conductismo o la psicología cognitiva voy a crear mi propio paradigma de psicología: La psicología manchega. Y claro, con el sentido de humor manchego no todo el mundo entiende si es una broma o va en serio.

Valoro (y utilizo) mejor el acceso casi infinito a la cultura que hay en las ciudad, tras haber crecido en un pueblo sin biblioteca pública. O echo de menos todos los pequeños privilegios que tienes quienes han crecido en una ciudad, como por ejemplo, saber nadar, porque otra gente no tuvimos acceso a una piscina en la infancia. Y a su vez soy consciente del privilegio de haber nacido en un contexto donde mis padres no se han sentido solos en la crianza, lo que les ha permitido darme un estilo de crianza democrático donde se valora mi autonomía.

Metáforas de pájaros y flores

Quienes me conocen personalmente en terapia saben que en mis conversaciones las metáforas sobre elementos de la naturaleza son algo habitual. Esto se debe a que los conocimientos en etología que me brinda la psicología evolutiva, los saberes periféricos rurales de mi infancia, y las posturas antiespecistas hacen que en mi cabeza las metáforas terapéuticas sobre pájaros y flores para explicar el comportamiento humano tengan todo el sentido.

A veces para mis interlocutores no tiene tanto sentido.

Las lecciones que me enseñó la vida en el campo.

Cuando vivía en el pueblo la mayoría de la comida que aparecía en el plato venía como mucho de 2 kilómetros de distancia, y tenía nombre. Las verduras de mi abuelo Fermín, las gallinas de mis padres, los conejos del patio, la leche de las vacas de Perere, el aceite de oliva mi tío Fernan, los cerdos de mi tío Pepe… y ocasionalmente los rosquillos, membrillo y flores de azúcar que nos regalaban las vecinas por haberles hecho otros favores. No veas la cantidad de rosquillos que hemos comido por haber ayudado a la gente a hacer la Declaración de la Renta. ¡Bendido Programa Padre!

De modo que tenía siempre presente qué verduras y frutas crecían en cada época. Y cada postre o comida estaba asociada a una época del año. No esperaba comer torrijas fuera de la Semana Santa. El verano estaba asociado al tomate. ¡Toneladas de tomate y pimiento!. Roscapiñas de miel para nuestros cumpleaños, rosquillos de Carnaval y huesitos de santo recordar a nuestros muertos. Y aunque mi madre tiende a hacer conservas que harían palidecer al mejor bunker del Fin del Mundo para sobrevivir el invierno, tendías a agradecer cada alimento en su época. Cada alimento era valorado como algo especial, único.

Y por tanto aprendí, que los ciclos estaban tan marcados que naturalmente ajustábamos nuestras actividades y comportamientos a la climatología y la luminosidad externa.

Adaptando nuestro comportamiento social a la climatología.

Por ejemplo, en la Mancha en verano las temperaturas suelen estar por encima de los 40º grados, y la gente cambia los horarios para adaptarse a ello. Nos levantamos varias horas antes que en invierno entrando antes a trabajar, dormimos la siesta, y luego nos acostamos más tarde aprovechando “la fresca” para charlas con las vecinas con las sillas en la calle. En invierno, también con temperaturas extremas, la socialización pasa por ser algo más íntimo. Con la familia más proxima y frente a la lumbre. Es comportamiento social inteligente y adaptativo.

En Madrid, nos despertamos a la misma hora en invierno que en verano. Si sentimos calor trabajando subimos el aire acondicionado. La siesta no es una opción, porque los trabajos están a dos horas del hogar.  Y en todo caso nos quedamos hasta tarde a costa de las horas de sueño. Sólo algunos afortunados funcionarios tienen la efímera ventaja de horario reducido en verano. Pero los que nacimos en el campo, en Agosto soñamos como Marcovaldo con escaparnos a dormir en el banco de la plaza más cercana, por si se estuviera más fresquito.

Con respecto a la comida nos pasa lo mismo. En la ciduad comemos fruta de verano todo el año, y nuestra comida viaja más que nosotros mismos (Moran, C,. 2017).  Podemos comer dulces y postres todos los días, ya no hay nada que celebrar ni esperar. Para los habitantes ricos de la ciudad todos los días es primavera, mientras que las capas más vulnerables de la población miran con terror cuando se acerca el invierno porque la pobreza energética es el monstruo con el conviven todo el invierno y más vidas se lleva para ellos.

No es inteligente, ni adaptativo. Sólo estamos amoldándonos a las necesidades productivistas del capitalismo. Y acabamos viviendo olvidando que tenemos un cuerpo.

Los ciclos del tiempo y la salud mental.

Los psicólogos investigamos muchas cosas respecto a cómo el contexto influye en nuestro comportamiento (Ej. Psicología Social), o más en concreto cómo el medio ambiente influye en nuestros estados de ánimo (Ej. Psicología Ambiental). E incluso hay áreas interdisciplicarias de estudio investigando cómo influyen la luz y los ritmos en nuestra salud mental (Cronoterapia) que nos enseñan el valor adaptativo que tiene detectar cambios en nuestro entorno, desde un mejillón a un ser humano (Sieck, 2016). Gracias a los conocimientos de áreas también interdisciplinares como la Etología, comprendemos la conexión entre los comportamientos humanos y animales.

Pero los profesionales de la Psicología somos malísimos haciendo divulgación científica. Y al final cuando la gente piensa en psicología acaba malinterpretando que todo es cuestión de “tipos de personalidad”. Tipos de personalidad que te etiquetan de por vida. Que tienes o no tienes y que no cambia jamás.

En realidad desde la psicología bien sabemos que la mayoría de los problemas de salud mental están condicionados por factores contextuales. Y conocerlos y comprenderlos nos puede ayudar a controlarlos.

“La primavera ha llegado a la ciudad” para el Trastorno Bipolar

El ejemplo más conocido de relación entre cambios de estación y estadios de ánimo es el Trastorno Afectivo Estacional (en inglés SAD), donde la falta de luz juega un potente efecto en quienes lo sufren. Pero otro ejemplo paradigmático de ciclos es el Trastorno Bipolar. Este trastorno del estado de ánimo se caracteriza por la presencia de estados de ánimo muy alterados, unos en fase depresiva y otros en fase maníaca.

En este trastorno se observa que la estación del año es una de los elementos que dispara la fase de manía, siendo un factor capaz de predecir la cantidad de ingresos y síntomas psiquíatricos (Geoffroy et al, 2014). Por ejemplo, son la Primavera es una estación crítica.

Y la principal clave en el bienestar para las personas que presentan este transtorno es ser capaces de identificar las claves que indican un cambio de fase para desplegar el Plan de Acción que necesitan. Por ejemplo, ser conscientes de cambios en el patrón de sueño les indica que pueden estar iniciando el ciclo de manía, y por tanto establecer una mejor higiene de sueño. Es por ello que existen muchos programas de intervención exitosos basado en la identificación temprana de los síntomas prodrómicos de la fase de manía (Perry et al, 1999).

Brotar en primavera

Y con el estigma mental tan arraigado, cuando vemos a una persona psiquiatrizada brotar en primavera decimos:

  • “Pobrecito/a, que se tome las pastillas y lo ingresen un ratito“.

Cuando desde otras miradas deberíamos pensar:

  • “Esta persona es más sensible a los cambios ambientales.  Eso, junto con las presiones productivistas del capitalismo le están produciendo un nivel de sufrimiento que brotar es la única manera que tiene de combatirlo. Pensemos juntas como evitar el sufrimiento para esa persona y las demás, como hacer una vida vivible”.

La salud mental en la ciudad

Porque me encanta vivir en la ciudad, y su capacidad para acoger e integrar las diferencias. Con su velocidad y sus contradicciones. Pero a su vez quiero incorporar la sabiduría del campo. Por eso me gustaría que la gente entendiera cómo acompasar sus ciclos vitales con la naturaleza, a pesar de los mandatos del productivismo capitalista. Es una herramienta muy eficaz para controlar nuestro bienestal mental.

“me gustaría que la gente entendiera cómo acompasar sus ciclos vitales con la naturaleza, a pesar de los mandatos del productivismo capitalista”.

Este es un conocimiento sencillo que comparto con mis pacientes en terapia, junto con las metáforas de pájaros y flores. Y ante su extrañeza inicial, pronto comienzan a notar las mejorías en su salud emocional cotidiana, y lo agradecen.

Así pues, me quedo con la reflexión sobre la importancia de marcar los ciclos en la ciudad para una mejor salud mental. Porque cuando vamos eliminando las claves medioambientales y sociales que indican el cambio de las estaciones, esto tiene un efecto en nuestra salud física, emocional y el medio ambiente.

Bonus

A quien le apetezca redescubrir la naturaleza urbana recomiendo “Marcovaldo y las estaciones de la ciudad”, del imprescindible Italo Calvino. Todo un clásico.

Y excepto la imagen que he realizado yo, todos los gifs pertenecen al artista Anas Abdin, especialista en Pixel Art.

Referencias

  • Aliança contra la Pobresa Energètica. (s. f.). Recuperado 9 de enero de 2017, de pobresaenergetica.es
  • Calvino, I., Masoliver, J. R., & Sanna, A. (2013). Marcovaldo o sea las estaciones en la ciudad. Barcelona: Libros del Zorro Rojo.
  • Geoffroy, P. A., Bellivier, F., Scott, J., & Etain, B. (2014). Seasonality and bipolar disorder: A systematic review, from admission rates to seasonality of symptoms. Journal of Affective Disorders, 168, 210-223. https://doi.org/10.1016/j.jad.2014.07.002
  • Perry, A., Tarrier, N., Morriss, R., McCarthy, E., & Limb, K. (1999). Randomised controlled trial of efficacy of teaching patients with bipolar disorder to identify early symptoms of relapse and obtain treatment. BMJ, 318(7177), 149-153. https://doi.org/10.1136/bmj.318.7177.149
  • Sieck, G. C. (2016). Physiology in perspective: sensing our environment triggers physiological and evolutionary adaptation. Physiology, 31(3), 168-169. https://doi.org/10.1152/physiol.00008.2016
  • Morán, C. (2017). ¿qué sabemos de lo que comemos? (p. 62). Madrid: Ecologístas en Acción. Recuperado de https://www.ecologistasenaccion.org/SPIP/IMG/pdf/99-alimentacion-2.pdf
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