Memes, filtros burbuja y psicología tribal:
Las herramientas del memefascismo.

Este artículo pertenece a la sección "Comportamiento Digital", con la que colaboro en el programa de PostApocalipsys Nau de Radio Vallekas. Puedes consultar nuestra sección en El Salto Diario, Ivoox o descargar el podcast entero aquí:

Brenton habitualmente comentaba en foros de internet sobre temas que le interesaban, compartía memes y era un gran fan del youtuber PewDiePie.

El pasado 15 de marzo retransmitió su día al resto del mundo a través de las redes sociales. Es un terrorista supremacista y misógino que atentó contra dos mezquitas en Christchurch (Nueva Zelanda) y mató a más de 52 personas. La retransmisión en vivo del ataque fue seguida por miles de personas por Facebook.

El día que comenzó el ataque dijo “Suscribiros al youtuber PewDiePie”. (Doménech, 2019).

¿Qué tienen que ver su comportamiento digital en su radicalización como terrorista?

Su comportamiento digital dejó un huella que los medios de comunicación pronto investigan cuando ocurren hechos como este. Y en este caso su comportamiento digital sí tenía que ver con su radicalización como terrorista supremacista (sin negar otros elementos que ayudaron a este fenómeno).

“A este tipo de terroristas, como los terroristas incel con ideologías misóginas, o los supremacistas voy a llamarles a partir de ahora “Terroristas del Privilegio”, ya que basan su discurso de odio y violencia contra otros colectivos que consideran que hacen tambalear sus privilegios”.

Y lo interesante e inquietante es que todos estamos expuestos a los mismos fenómenos.

Filtro burbuja

El filtro burbuja es un concepto acuñado por Ali Pariser. Que implica que el algoritmo es capaz de aprender de tu comportamiento (y los datos de millones personas previas) para sugerirte cosas que le gustaron a gente “como tú”. Al final, todas tus búsquedas y fuentes de información acaban dando una versión sesgada de la realidad donde tú te sientes más cómodo.

Pariser advierte que el lado negativo de filtrar búsquedas es que “nos vuelve más cerrados a nuevas ideas, materias e información importante”y “crea la impresión de que nuestros limitados intereses son los únicos que existen”

“El filtro burbuja nos vuelve más cerrados a nuevas ideas, materias e información importante”y “crea la impresión de que nuestros limitados intereses son los únicos que existen” Ali Parisier.

Por poner un ejemplo, de los 500 amigos que tienes en FB, hay 300 cuyos mensajes no ves jamás. Y no es que no publiquen, es que el algoritmo ha decidido que su contenido no te interesa porque no encaja con tus intereses y gustos. De modo que las redes sociales actúan como una cámara de eco amplificando mensajes que ya nos son conocidos y aislándonos de ver otros que nos podrían aportar puntos de vista diferentes.

O cuando realices una búsqueda en Google, ante la palabra “aceite” a alguien le mostrará recetas con aceite de oliva, y a otro las consecuencias ambientales del aceite de palma. Y eso acabará configurando nociones de la realidad muy distina para personas u otras.

Los agujeros de gusano

Cuando has visto crecer el fenómeno estos últimos años, al principio te sorprendías con lo acertado del gusto de la plataforma de vídeos/música al recomendarte la siguiente canción. Pero evidentemente también tiene su lado oscuro, como el agujero negro pedófilo que denunció Mat Watson.

En este caso, comenzar visitando algo tan inocente como Youtube sin una visión crítica hace que puedas acabar siendo fan de PewDiePie, un youtuber que flirtea con posicionamientos de Alt-Right (Romano, 2018). Este generador de contenido no necesita hacer posicionamientos o acciones extremas: para eso está su comunidad de fans.

Las comunidades de fans -generalmente adolescentes- de este tipo de youtubers tóxicos suelen actuar como monos voladores y ejecutan los ataques de manera velada ha sugerido su líder. Esta comunidad suele atacar lo que ellos consideran Social Justice Warrios (SJW), es decir, quienes defienden posturas antiracistas, feministas o cualquier otra defensa de los derechos civiles.

Memes: el identificativo de las tribus digitales.

Cuando eran los años 80, 90 y principios de los 2000 podías acercarte a una plaza e identificar a simple vista las distintas tribus urbanos.

Sus ropas y accesorios les identificaban como tribu, y sabías que con alta probabilidad a esa forma de vestir también se acompañaban ciertos gustos culturales, posturas ideológicas y formas de disfrutar del ocio.

Un gótico-metallero-punky-bakala podría identificar a otro de su tribu en la multitud y saber qué temas de conversación comunes podrían tener.

Pero con la creciente desaparición del ocio en los espacios públicos, y la colonización digital de nuestro ocio, tenemos que encontrar nuevas maneras de reconocer y agrupar a la gente con la que nos identificamos.

Desde mi punto de vista, los memes pueden cumplir esta función de identificación de tribus digitales. Ver cierto meme en las praderas de Twitter, lejos de su caverna original de 8Chan puede darte una idea de que esa persona comparte -o no- ciertas ideas contigo.
Ver una referencia a la rana Pepe, las píldoras rojas o al Mercader Feliz te hace suponer que esa persona está en contacto con ideología de extrema derecha.

Memes: ¡Eh! No te ofendas que es una broma.

Los memes son piezas mínimas de información en formato cultural, donde generalmente se toma ciertos mensajes “base” que ya llevan una broma implícita y se las va aliñando con contenidos nuevos. Y como todo artefacto de trasmisión cultural, reflejan parte de la cultura en la que se enmarcan.

Al caer en el terreno de la broma y el lenguaje ambivalente, siempre está sobrevolando alrededor del tema de la libertad de expresión. Un debate mal entendido desde mi punto de vista, porque libertad de expresión no es libertad de discriminación.

Los chistes siempre han sido una forma del grupo dominante de mostrar tu poder riéndose de los oprimidos. Chistes sobre mujeres, gays, y discapacitados que te dejaban claro que encima de oprimirte, se reían de ti en tu cara y si te quejabas es que eras un “desaborío”.

Ahora cuando un colectivo oprimido hace notar esa situación se les llama “ofendiditos”. Desde el trono de los privilegios alguna gente también se permite decirnos que nos debe parecer o no gracioso.

Así pues, en los foros de internet de la gente privilegiada resentida con miedo a perder sus privilegios (incel y supremacistas) se utilizan los memes como herramientas de trasmisión de ideas y como método de identificación de tribu digitales.

Así pues, los Incel de Internet entenderían la referencia al autodenominarse “Caballero Supremo Elliot Rodger” que hizo el terrorista incel antes de matar a 7 personas en California. O las referencias a Pew DiePie que hizo el terrorista de Nueva Zelanda.

Memefascismo: el ascenso de la derecha trol

Memefascismo

Pero si estamos hablando de estos fenómenos de memefascismo es porque es uno de los elementos que forman parte del ascenso de la ultraderecha a nivel mundial, y explican fenómenos como el ascenso de Trump, Bolsonaro, el Brexit o Vox.

En el libro “Muerte a los normies”, Angela Nagle (2018) explica cómo la alt-right (ultraderecha) usó el lenguaje de los memes para salir de rincones más o menos oscuros de internet y acabar centrando gran parte del debate político hasta volverse parte del discurso generalizado.

La derecha trol consiguió normalizar discursos racistas y misóginos que jamás se habían expresado con tal virulencia en las últimas décadas (O’Brian, 2016). Las ideas no son nuevas, pero su lenguaje sí (Hanckock, 2018), donde se utiliza la ambivalencia típica de un medio como internet, donde nunca sabes si es broma o no para expresar las ideas más extremas. (Phillips y Millner, 2017).

Dime que meme compartes y te diré que piensas

Cuando tenía 11 años fui al Teatro de Almagro a ver “El Avaro de Moliere”. Me encantó la obra, y más con la interpretación de “El Brujo”. Recuerdo que cuando mis padres me preguntaron les dije que me hubiera gustado más si no fuera una burla antisemita. Porque con 11 años y viviendo en un pueblo perdido de la Mancha era capaz de identificar el discurso del odio por parte de un señor francés del siglo XVII.

Por eso hace un par se semanas me llamó la atención cuando un Youtuber de 35 años dijo que no era consciente de que el meme del “mercader feliz” era un meme racista.

¿Podemos estar compartiendo memes racistas sin ser conscientes de que somos racistas? . Desde mi punto de vista es posible, igual que tenemos otra gran cantidad de comportamientos micromachistas , edadistas, o de estigma que tenemos que desmontar.

Para algunos autores estudiosos de los memes, como Monsterín (2009) la cultura actual de un individuo en un momento determinado sería el conjunto de los memes presentes en el cerebro de ese individuo en ese momento.
Y sinceramente, si alguien pudiera algún día analizar los memes que comparto o genero, no me gustaría que dichos memes fueran la Rana Pepe o el Mercader Feliz.

Y los sesgos cognitivos cierran el círculo

Pero claro, el discurso del odio no es algo nuevo y está presente desde el principio de la humanidad. Y los científicos sociales han estudiado como se construye esta identidad grupal, que llega a deshumanizar al “otro” para justificar la agresión.
Uno de los mecanismos que juegan un papel importante en este caso son los sesgos cognitivos, entendidos como tendencias sesgadas que tiene nuestro cerebro de interpretar la información.

– Sesgo de confirmación.

El más conocido de los sesgos cognitivos. Significa que ante una información nueva tendemos a recordar mejor si los datos se ajustan a nuestras creencias previas, y olvidar los que no nos encajan con dichas creencias. Por ejemplo, en contextos misóginos donde que proclama que la violencia de género no existe, y que la mayoría de las denuncias son falsas recordarán el caso que encaje con sus creencias, y olvidarán todas los datos, estadísticas, informes y comentarios que demuestren lo contrario.

– Sesgo de falso consenso.

Este sesgo se basa en que la gente tendemos a sobrestimar cuanta gente comparte nuestras creencias (Ross et al, 1977).

En un experimento mítico con estudiantes universitarios a los que se les preguntó si estarían dispuestos a hacer de hombre-anuncio por el campus, llevando un letrero delante y otro detrás con la palabra «arrepentíos». En total varios centenares de estudiantes, participaron en el experimento. Un cierto número aceptó y otros rechazaron el trabajo. Luego se pidió a ambos grupos (los “aceptantes” y los “rechazadores”) que calcularan los porcentajes de quienes aceptaban y de los que rechazaban. Resultó que los cálculos de los estudiantes estaban inclinados hacia lo que ellos mismos pensaban: quienes estaban dispuestos a aceptar el letrero pensaban que el 60% también lo estaría, quienes lo rechazaban estimaban que solo el 27% estaría dispuesto a llevarlo. (Ross et al, 1977)

El sesgo del falso consenso estaría aumentado por fenómenos como el filtro burbuja que comentábamos anteriormente.

– Efecto bandwagon, o efecto arrastre.

Donde va Vicente va la gente. Es un efecto muy estudiado especialmente en clave electoral.

Supone que las conductas o creencias se propagan entre la gente, como claramente sucede con las modas, conla probabilidad de que los individuos la adopten incremente con la proporción de quienes ya lo han hecho.” (Goidel et al, 1994). Cuanta más gente llegue a creer en algo, otros también se subirán al carro sin importar la evidencia subyacente.
Y todos estos sesgos (y otros más) van contribuyendo a reforzar nuestra identidad grupal, marcando nuestra identificación con el endogrupo (nuestra tribu digital) y nuestras supuestas diferencias con el exogrupo. (Tajfel, 1986).

En resumen

En Internet tenemos tribus digitales, que se organizan en torno a sus gustos, preferencias y valores. Utilizan los memes como herramientas para trasmitir la información, identificarse entre ellos y reconocerse como tribu.
Las burbujas digitales encierran con sus algoritmos de preferencias a la gente con gustos similares, de modo que las tribus digitales poco a poco van perdiendo el contacto con otras ideas y formas de entender el mundo.

Y los sesgos cognitivos hacen su juego al quedarnos con la información que nos encaja mejor, pensar que nuestras creencias son más compartidas de las que son y querer subirnos al carro de la creencia mayoritaria. Todo ello con el fin de reforzar nuestra identidad grupal.

Esto se explica para un grupo de aficionados al ganchillo, seguidores de cierto estilo musical o terroristas del privilegio como los incel o los de ultraderecha.

Aunque sea obvio, el problema no es el formato como los memes, sino el contenido.Porque los memes en este caso sólo cumplen un papel de herramienta de trasmisión cultural del discurso del odio.

Y ninguna sociedad que se considere democrática puede permitir que florezca el discurso del odio, sea en el formato que sea.

Referencias

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